Cruzo el Parque de Berlin y tomo un café rápido en el Café Universal. Escucho sin querer en una mesa aledaña de sobremesa prolongada, un runrún de conversación ebria que envalentonada por los licores se alegra de que la borrasca que asola Catalunya no haya sido aún más inclemente.
Cojo el 43 en la acera de enfrente y me veo ahogado en una marea de visones y lódenes adornados en la solapa con crucifijos de parroquia. Llego al Bernabéu, donde ondean desafiantes banderas nacionales: la masa ha sido de nuevo imbuida en el lenguaje belicista que utilizan los medios en las grandes ocasiones históricas del fútbol y veo pulular como hormigas a ingentes cantidades de individuos pertrechados con sus bufandas en torno a los vomitorios -me encanta esa palabra hay pocas más gráficas- que después les conducirán a un nuevo vacio vital del que se creen ajenos. Siento una leve incomodidad, por no decir escalofrío: nombres del callejero que recrean aún ese pasado funesto se incorporan a esa escena de pesadilla. Bajo casi corriendo del autobús. Escapo hacia otro pueblo de la periferia para actividades un poco más gratificantes. Les iré contando. Ya saben: en el Bernabéu "90 minuti son molto longui".
Que les aproveche.
Que les aproveche.
El Madrid se va a comer a los franchutes.
ResponderEliminarLos franchutes han cenado merengue.
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