martes, 9 de marzo de 2010

Desde Karabancha


Maravillado me hallo y honroso me encuentro de compartir plantel con todas estas auténticas figuras en el arte de la tecla afinada y del ojo perspicaz (en vuestro caso, como lleváis dos globos en los cuéncanos a diferencia de mí, nacido cíclope, siempre me llevaréis eones de ventaja), en cualquier caso heme aquí genuflexo que no contrito, besando el suelo que piso ante tan bondadosísimas autoridades. Yo vivo en Karabanzén. Mi existencia es un haiku. Por mi ventana veo tres árboles. Dos acacias y entre ellas un castaño de indias anterior de los tiempos de los centauros payosponis. Desde que tengo uso de razón (he crecido y vivido junto a ellos) estos tres árboles se quedaban pelados por completo en invierno. Hasta que desde hace unos años (no sabría precisar, cuatro o cinco), el castaño no pierde sus hojas. ¿Cosas del cambio climático? Sólo me escapo a la medina madrileña de vez en cuando, siempre por necesidades de la logística cultural y cuando la cuenta del oso verde está pletórica como un higo maduro. En mis dos últimos "raids", me encontré pululando por el mismo sitio (Arenal St), aunque en momentos distintos (mañana y tarde-noche), a una especie o sub-especie de oligofrénico que parecía el Señor Barragán pero en yonki-jebuto, escuchimizado y prognato todo. La primera vez se me acercó tanto que creí que me iba a vacilar. Menudo respingo pegué ahí cerquita de San Ginés (vaya pareado). Aquel tipo, deslizado en unos tejanos de pitillo, sólo iba a lo suyo. La segunda vez pasó por delante de la puerta del Joy, donde el chocherío y la paquetada van calentando, mediante fricciones o los cuentos de la lechera, esos motores suyos que huelen a colonia del manta (regalo de las pasadas navidades). El oligofriki pasó de largo. Nadie respingó. Pero sí lo hicieron los rabillos de los ojos, por donde entra el conocimiento importante, al menos a las puertas del Joy Eslava.

2 comentarios:

  1. Tienes razón. Es triste pero cierto: el electrón que completa nuestra última capa se encuentra precisamente en el núcleo de la ciudad. Es triste pero a la vez nos hace libres. Mejor pasear por el Berlín o ir a la terracita de la esquina porque hay menos gente y es más de barrio. Haciendo honor a esa catalogación que una vez escuché de ti, oh Polifemo, la gente que puedes encontrar en el centro son todos Cosmopaletos que ven en estar rodeados de historia una manera de sentirse importantes o pensar que forman parte de la sangre que mueve la urbe. Sin embargo, en nuestros barrios, las cañas son más baratas, los parques son más parques y es más fácil que surja la creatividad. A ver para cuándo unos Calamares a la plancha en Carabancha. Ke no??

    ResponderEliminar
  2. Ya te digo. A la almendra (garrapiñá) hay que ir muy tempranico y en días festivos. Los barrios son una bendición. Incluso su bullicio es distinto. Pero vivir en un sitio donde no oyes borrachos por la calle o los cláxones petando es hoy un regalo. De todas formas, a Karabancha le falta una infraestructura que la Prospe sí tiene. En Fort Prosperity tenéis unos garitos muy guapos.

    ResponderEliminar